La inquilina
Cuando aquella tarde, después de comer, se fue a dormir una siesta a su sofá, nada le indicaba que lo que venía a continuación iba a suceder.Se tumbó, levantó la mirada al techo, y... De un brinco, se levantó gritando.
Ahí estaba ella, la inquilina, agarrada al techo, mirándola con esos ojos pequeños, y afilando los dientes -estaba practicamente segura de esto.
Ella cogió el teléfono, temblando y con ganas de salir de aquella habitación, pero la inquilina se lo impedía.
-"Hola?"
-"..."
-"Estás ahí?"
-"Hola, hay una araña en el techo" -dijo ella, entre sollozos.
-"Es muy grande?" -preguntó. Aunque realmente, ya debía saber la contestación.
-"Síiiiiii, es tremenda y me está mirando, y... Se está acercando!" -dijo ella, chillando, y comenzando a panicar.
-"Tranquila, tranquila, seguramente el bicho estará más asustado que tú, sal de la habitación y escúchame."
Salió corriendo de la habitación, con el teléfono en la mano, y lágrimas en los ojos.
-"La araña es mucho más pequeña que tú, y con los gritos que estás dando, estará más asustada que tú. Imagínate lo que estará pensando, "en menuda casa me he metido, con un bicho enorme que me mira", verdad?"
-"No tiene gracia" -contestó ella.
-"Pues... Vas a tener que matarla"
-"Cómo? Estás loco? Y que me muerda, o me salte encima, ni loca"
-"Yo no puedo ir a matarla, y siempre hay una primera vez, no?
-"No puedo, no puedo."
-"Si puedes, donde está?
-"Encima del sofá"
-"Bueno, entonces, separa la mesita y el sofá, coge una escoba, y cuando caiga al suelo, la pisas."
-"Nooooo."
Entró de nuevo, con la escoba, en la habitación, donde la inquilina, que no se había movido desde que ella había salido, seguía mirandola.
Movió la mesa junto con la alfombra, movió el sofá, y cuando estaba dispuesta a seguir hablando por teléfono, para pedir instrucciones, la inquilina se movió. Ella se fue al rincón, y gritando mientras lloraba, le comentó la situación.
-"Se mueve... Me está mirando... Se está acercando..."
-"Sal de ahí y tranquilízate" -se comenzaba a notar la preocupación en su voz.
-"No puedo salir, que está ahí, aahh! Los muebles están delante, y ella sigue mirándome, y se está acercando más!"
-Sal de ahí, salta los muebles, venga."
No sé como lo hizo, pero salió de nuevo de la habitación; él, por el teléfono, le estaba pidiendo que respirara despacio puesto que el ataque de ansiedad de ella iba en aumento. Le dijo que se pusiera algo por encima, para sentirse más segura; aprobó que ella cogiera el insecticida, aunque le advirtió que seguramente la inquilina se movería más, le dio ánimos, y cuando ella abrió la puerta...
-"Ah!!! Está ahí, se ha acercado, me mira, se acerca más, está moviendo las patas de delante, va a saltar, seguro!!"
-"Tranquilizate, tranquilizate, que no va a a saltar, respira hondo, venga, uno, dos."
-"Le doy con el "flu-flu"?"
-"Cómo quieras, estás preparada?"
-"No."
Ataviada con la escoba en una mano, el insecticida en la otra, y con la boca cerrada, se acercó. Bueno, acercarse acercarse... A dos metros, comenzó a echarle el insecticida, no se movió. Se acercó un poco más, tampoco atinó. Pero se movió un poco, lo suficiente, para que ella pudiera entrar en la habitación, e intentara darle con la escoba. Las instrucciones las tenía claras, pero... El valor para hacerlo se lo había dejado en las lágrimas derramadas por el pánico.
Le dió -o intentó- una vez, la inquilina no se movió. Le volvió a dar un golpe al techo, pero nada. Así que... Decidió que lo que haría sería barrerla, para hacerla caer, y luego echarle medio bote de insecticida. Pensado y hecho. La inquilina cayó del techo, y antes de que se echara a correr, ella, le comenzó a bañar en insecticida. La inquilina se movía, intentando huir, pero el insecticida seguía bañándola. Tras una lucha sin igual, la araña terminó boca arriba, moviendo las patas. ¡Todas sus patas!
Pero no contenta con tenerla agonizando, cogió la revista más pesada que había en la habitación, la soltó encima de la araña, y comenzó a darle con el bote del insecticida, donde supuestamente estaba la inquilina.
Levantó la revista, los restos de la susodicha estaban desparramados entre el suelo y la portada de la revista. Cogió una bolsa, y con sumo cuidado de no tocar nada del bicho, metió revista, patas, cuerpo y pelo en la bolsa.
Acto seguido, llamó por teléfono.
-"Ya está."
-"Bien! Cuéntame como lo has hecho."
...
-"Ves como no ha sido para tanto? Ahora como estás? mejor?"
-"No"
-"No? por lo que puedes llegar a hacer? Ahora ya estás preparada para la siguiente"
-"Nooooo."
P.S: tres cosas hay que añadir al relato.
-dar las gracias a Jose por el apoyo telefónico, y por intentar tranquilizarme.
-cuando entro a casa, sigo mirando todos los techos sin excepción, por si acaso encuentro un familiar.
-no he podido subir una imagen de ese bicho, sólo escribir la palabra, me llena de ansiedad.
P.S1: Lyzzie escribió en su día sobre el mundo de las arañas.
Viernes, 28 de Mayo de 2004 16:38 #.

