La última vez
Llevaba sin hablar con ella desde hacía años. Tan sólo cruzaban un hola cuando se encontraban por la casa, y un adiós cruzado, al cerrarse la puerta.Unos pocos años antes, ella le había dicho que dejaba los estudios, había encontrado una persona con la que se sentía querida, y que se iría de casa. A partir de entonces, dejamos de hablarnos.
No se fue.
Pero sólo venía a dormir, como si su casa de toda la vida, no fuera ahora más que un motel; como si su familia, sus padres y hermanos, no fueran más que extraños inquilinos del mismo lugar.
El otro día, el dueño del restaurante de abajo fue a quejarse. Por lo visto una de las tuberías que pasaban debajo de la habitación de la niña se había roto, y el escape de agua había pasado a su cocina. Como ella había salido esa mañana de viaje, decidió entrar a su cuarto, que no pisaba desde hacía años.
El agua había empapado algunos de los libros del estante inferior de la librería que tenía junto a la cama y estaban hinchados por la humedad. Los recogió para ponerlos a secar, el título de uno de ellos, le llamó la atención: “Conversaciones que nunca tuve con mi padre”.
Se sentó en la cama, y con curiosidad, le echó una primera ojeada. Se trataba de una especie de diario, en el cual, ella había ido escribiendo, día a día, todos sus pensamientos.
Se detuvo en uno de los días, el pasado día 26, fecha de su cumpleaños, y leyó:
“Hoy no me ha felicitado, no creo tampoco que se haya acordado. Yo esperaba que dijera algo, o me diese un beso, o me abrazara, como antes. Pero no lo ha hecho. Ni siquiera el tirón de orejas, con el guiño que me hacía de pequeña.”
Un pinchazo en el corazón, lo dejó sentado en la cama. Lo abrió por la primera página, y comenzó a leer. Todos los acontecimientos de su vida estaban ahí escritos, desde aquella discusión en que dejaron de hablarse, sus distintos trabajos, los nuevos amigos, más los comentarios y consejos que él no le había dado... Toda su vida escrita con amargura, por un error de comunicación con ella.
No pude dejar de leer, pasaba páginas y páginas, encontré dos diarios más, que también leí. No pude apartar los ojos de aquellas páginas de amargura y desesperación.
La última página acababa el día en que ella había tenido que salir de viaje, Voy a salir de viaje, y mi padre no me ha preguntado donde iba, cuando volvería, no me ha deseado un buen viaje, ni ha salido a la puerta a decirme adiós. Tampoco le he dicho que ya no volveré.
Martes, 28 de Diciembre de 2004 11:27 #.

